Medemia argun

Buscando Medemia Argun


Martin Gibbons y Tobias W. Spanner 1996  Ttraducción: José Grassia

Como muchos antes que nosotros, nos dimos cuenta de la existencia de esta palma extraña, que todos pensábamos estaba extinta, a través de una fotografía publicada en 1976 por Arturo Langlois en el Suplemento de Palmeras del Mundo.

Tomada en los años sesenta en el desierto del sur de Egipto, la fotografía granulosa, en blanco y negro, muestra un solo árbol, rodeado por los que parecen ser miembros de una tribu salvaje. Pronto, comenzamos a soñar que algún día estaríamos allí en el desierto,  buscando a la misma especie y reintroduciendola   al mundo de las  palmeras.

El estimulo para realizar el viaje fue un paquete con documentos sobre Medemia que recibimos de un botánico francés, Yves Lesoueff, que nos remitio con la condición de montar una búsqueda de la especie, ya que él no tenía posibilidades de hacerlo.

Nosotros necesitábamos este pequeño empujon, y pronto reservamos un vuelo a Khartoum, capital de Sudán, un país pobre que consiste mayormente en desierto, y con una reputación poco envidiable. Llegamos tarde al aeropuerto en Khartoum, y nos encontramos en la calle y de noche.

La suerte nos llevó al Hotel Acropole, un viejo establecimiento colonial manejado por George, un griego amistoso que al día siguiente tomó las cosas en sus propias manos y puso en orden los permisos para poder viajar y tomar fotografías, contrato un Jeep completo con chófer y mecánico, y obtuvo permisos para visitar las áreas en las que, nosotros pensábamos, era probable encontrar nuestra palma, si existía !!.

La mañana siguiente salimos con rumbo Norte y siguiendo el Río Nilo, que resulto ser lo que nosotros esperábamos, ancho y turbio, y bordeado por Datileras y palmas doom ( Hyphaene Thebaica ) por millares. Más allá de esto, había algún cultivo hasta donde la irrigación del río lo permitía.

 Fuera de eso, sin embargo, se veía sólo sabana y la clase de vegetación esmirriada y baja que se asocia con los hábitats secos. Nosotros seguimos el río todo el día, con temperaturas cercanas a 45°C. Atravesamos los pueblos viejos y polvorientos de Berber y Atbara, y cruzamos el río un par de veces en barca, qué compartimos con las cabras, camellos y sus dueños. En esta etapa apenas existía un camino, era más una colección de huellas en la arena.

Al llegar la oscuridad nos detuvimos simplemente donde estabamos. Nuestro chófer y su compañero encendieron un fuego y disfrutamos nuestra comida de la tarde y poco después estabamos en nuestras bolsas de dormir, disfrutando una noche bajo un millón de estrellas, sin ninguna polución

Nos levantamos antes de la salida del sol, y después de un poco de té dulce y caliente, reanudamos la marcha hacia un pueblo del desierto llamado Abu Hamad.

Todos los informes que habíamos leído sobre Medemia mencionaban un pueblo o área llamada Murrat o Pozos de Murrat, supuestamente cerca de dónde nos encontramos ahora.

 Nadie parecía haber oído hablar del lugar, hasta que un viejo cuidador de camello fue convocado, quién no sólo conocía Murrat sino que reconoció la fotografía de Medemia que nosotros le mostramos, y ofreció llevarnos a verla.

 Nuestra excitación sólo puede imaginarse, y estuvimos de acuerdo en pagarle de buenas ganas la modesta suma, pero buena para él, que nos solicitara. Abandonamos el pueblo con él a bordo, dejamos el Nilo y nos internamos en el desierto propiamente dicho, que era sin ninguna señal de vida, sin rasgos distintivos, sin un solo arbusto o árbol; pero para nuestro nuevo amigo Hessen-Ali, el desierto estaba lleno de señales y pistas que le permitieron dirigirnos precisamente en la dirección correcta.

Pasamos una segunda noche bajo las estrellas, y al siguiente día estabamos listos antes que el sol calentara con fuerza. No existía ahora ningún camino, ni siquiera huellas, pero nuestro navegante no tuvo problemas en dirigirnos.  Después de dos o tres horas de manejar en el desierto, llegamos al pueblo de Pozos de Murrat, ahora un pueblo fantasma, ninguna señal de él en nuestros mapas modernos, pero notablemente bien conservado por el aire seco del desierto.

El paisaje se transformo en un valle bajo y largo, bordeado de bajas colinas rocosas. Condujimos por él hasta que en la distancia vimos lo que parecía una palmera. ¿Una palma Datilera quizás? ¿O una palma doon doon ?

Pronto comprendimos, cuando nos acercamos, que estábamos viendo a nuestra presa, la Medemia Argum; viva y bien y viviendo en aislamiento silencioso como siempre fue, en este valle remoto en el Desierto de Nubia en Sudán.

Nos acercamos con algo próximo al éxtasis, viendo otros especímenes más pequeños alrededor. Incluso ese sentimiento se superó unos minutos después, cuando encontramos una palma que estaba colmada con miles de frutas, del tamaño y color de ciruelas maduras.

Dejando los tres Sudaneses, salimos solos para una gira de exploración alrededor de este bosquecillo de palmas antiguas. Sólo fuera del resguardo escaso que el Jeep ofrecía, nos dimos cuenta realmente del intenso calor (¡por lo menos 48°C en la sombra!), e hicimos un corto paseo, para no terminar como los muchos esqueletos de camellos que habíamos visto, testigos del clima áspero e inclemente.

Pasamos muchas horas en el valle, recolectando semillas y especímenes de hierbas y examinando nuestra guía sobre las palmas. Hessen-Ali dijo que él conocía otra población, algunas millas distantes, donde había “un millón de palmas”. Lamentablemente tiempo y equipos no nos permitían una excursión allí pero nosotros hicimos una anotación cuidadosa y resolvimos regresar en algún momento en el futuro.

Entonces era tiempo de regresar y tomamos el largo camino a casa,  a través del pueblo de Murrat con sus fantasmas; a través de Abu Hamad dónde nosotros dimos una calurosa despedida a nuestro nuevo amigo; y atrás a lo largo del Nilo, pasando Berber y Atbara  hacia  Khartoum.

Un poco después de un año pudimos cumplir nuestro sueño de volver al Sudán en busca de más Medemia.

Nuestra primera meta en este segundo viaje era investigar la aun más misteriosa “Medemia Abiadensis”  que se describían como existentes mas al sur en el Sudán, en la zona de la sabana más húmeda. Las ubicaciones dadas para M. Abiadensis eran más vagas. A pesar de una búsqueda extensa y preguntando a centenares de locales para conocer su opinión, todo lo que encontrábamos era Borassus Aethiopum e Hyphane Thebaica , los últimos formando algunas veces bosquecillos grandes  en la seca y espinosa  vegetación. Nuestro guía, Ahmed, continuó luego solo nuestra búsqueda, en el extenso Sur, en áreas donde no nos permitieron ir, pero sin el éxito deseado.

La principal característica que distinguían a las M. Abiadensis  de las M. Argum era que el primero, se suponía, prefería un hábitat diferente y su fruta era más pequeña. Nosotros encontramos el último con la fruta de todos los tamaños, sin embargo, esto nos lleva a creer que no hay dos especies sino solo una.

Cómo llegamos a ser arrestados durante nuestras investigaciones, e interrogados como sospechosos de ser espías de la CIA y perdido nuestra ultima noche en el Sur encerrados y con nuestro guía aterrorizado al tener su Land Cruiser confiscado, es otra historia y tendrá que esperar otra oportunidad.

Poco después, al volver del sur, tomamos rumbo norte para visitar la población grande de M. Argun que Hessen Ali nos había prometido. En esta oportunidad contratamos dos Land Cruiser, cada uno con chofer y mecanico e hicimos las cosas adecuadamente. Después de ir al Norte a lo largo del Nilo hasta Abu Hamad, como el pasado año, fuimos mas hacia el este que la vez anterior, entrando en el desierto virgen, a través del gran Wadi Gabgaba hasta los cursos superiores del Wadi Shagrib (Wadis son ríos secos que sólo se llenan de agua una vez cada pocos años). Llegamos allí un caluroso día de diciembre, después de una larga travesía y llenos de arena pegada y los ojos enrojecidos.

Subimos una colina algo rocosa, que podríamos haber pasado por alto y hallamos un inmenso valle arenoso con centenares de palmeras Medemia de todos los tamaños, cociéndose  en el sol del mediodía. El paisaje era de un planeta diferente, no había prácticamente ninguna otra vegetación, sólo las palmas. Parecía increíble que pudieran crecer bajo tales condiciones de sequia.

Otro obsequio que este lugar tuvo para nosotros fueron los innumerables dibujos antiguos que encontramos tallados en la dura piedra basáltica negra en algunos nichos en los precipicios de la montaña. Los antiguos habitantes pintaron las escenas con los animales típicos de la sabana, como avestruces, gacelas y jirafas que ya no podrían vivir ahora aquí con este clima áspero, sumamente seco.

Sugiere esto que el desierto de Nubia tuviera un clima mucho más favorable en un pasado no demasiado distante, permitiendo una flora y fauna más rica. Y de hecho, los más recientes estudios han mostrado que probablemente el Sahara entero tenía un clima más húmedo hace sólo unos mil años. La Medemia y unas Acacia escasas aquí, fueron originariamente plantas de la sabana, y son los últimos sobrevivientes de tiempos más agradables.

Desde el primer valle grande nosotros continuamos una buena distancia hacia el norte a lo largo de una planicie anegadiza bordeada con grandes y pequeñas poblaciones de Medemia. Algunas consistían en sólo unos ejemplares; otras llenaban valles enteros, como el primero que vimos, con centenares de palmas.

Algunas poblaciones estaban en condiciones aparentemente malas, con muchos troncos muertos y ninguna planta pequeña alrededor; otras, sin embargo, eran sorprendentemente saludables, estaban creciendo y regenerándose, con muchos plantines y plantas jóvenes esparcidas alrededor de las más viejas. Los cursos de los Wadis, responsables del suministro de agua a las palmas, probablemente estén cambiando dramáticamente con cada inundación mayor, y decida el destino de estas áreas. 

La gran cantidad de Medemias saludables que hemos visto y relevado, nos hicieron sentir mucho menos pesimistas acerca del futuro de la especie.

Si bien no encontramos un millon de palmas, nosotros vimos mil seguramente y es muy probable que haya mas en remotos lugares al Este y al Norte.

Medemia esta lejos de extinguirse, pero en vista de su hábitat localizado y lo impredecible del clima, podría describirse, no obstante, como amenazado. Nosotros esperamos que, a pesar de estas extravagancias, esta fabulosa y majestuosa palmera tenga un futuro brillante en su hábitat nativo, así como en el cultivo alrededor del mundo.

Frutos maduros de Medemia argun en el desierto
Ejemplar de Medemia argun creciendo en un wadi en Sudan

1 comentario en “Medemia argun”

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